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DHA para el bebé

 

Actualmente existe consenso científico absoluto sobre la necesidad de dos ácidos grasos, el AA (ácido araquidónico) y DHA para el sano desarrollo del bebé, y en que debe haber un equilibrio entre las cantidades de ambos.

 

El AA es necesario para los parámetros de crecimiento, peso, altura, perímetro craneal, mientras que el DHA lo es para la formación del ojo, las funciones neuronales cognitivas, y el metabolismo de las neuronas y neurotrasmisores cerebrales.

 

Lo que es más difícil, es determinar cuales son las cantidades que durante el embarazo y la lactancia hay que suministrar a la madre para que haya aporte suficiente para el bebé. El feto recibe alrededor de 60mg cada kilo de peso diariamente a través de la placenta. La composición en ácidos grasos del líquido amniótico y de la leche materna, dependen del aporte que se da a la madre a través de la dieta, y en nuestros días la carencia de Omega3 es universal. Por eso, muchos especialistas consideran que el aporte en forma de suplemento de DHA a la madre, es necesario durante el embarazo, y varios estudios confirman la disminución significativa del riesgo de parto prematuro con una suplementación suficiente de DHA, alrededor de 600mg durante el segundo y tercer trimestre de embarazo. La EFSA , que es la Agencia de Seguridad alimentaria europea, fija el aporte en 450mg diarios de DHA.

Por otro lado, es importante asegurar que la madre no va a sacrificar todas sus reservas de DHA en beneficio de la formación del tejido nervioso del bebé, ya que puede encontrarse con un  déficit de Omega3 al acabar el embarazo, y que va a agravarse con la lactancia. El contenido de DHA en la leche materna está directamente relacionado con su consumo de pescado (o suplementos adecuados), es por esto que la leche materna con más DHA es la de las mujeres japonesas. Esta carencia puede favorecer la depresión posparto, por tanto es importante también en este aspecto asegurar un buen aporte de DHA tanto durante el embarazo como durante la lactancia. Hoy en día, la mayoría de leches maternizadas incluyen Ácido araquidónico y DHA en su composición.

 

Cuando el bebé deja la lactancia, continúa necesitando un aporte importante de DHA, que debe obtenerse a través de la alimentación y de nuevo a través de los suplementos cuando la aportación no sea suficiente, que no suele serlo… pero esto ya es otra historia sobre la que hablaremos otro día.